Mensaje de bienvenida



Dicen que la vida no se mide por el número de respiraciones que tomamos, sino por el número de momentos que nos hacen contener la respiración. A mí me gusta capturar esos momentos, contener esa respiración, y me gustaría compartirlos con vosotros.

Así que os propongo un viaje por las emociones que nos trasmite la fotografía, amenizado por escritos y toda la diversión que queráis añadir con vuestros comentarios. ¿Os apuntáis?

viernes, 31 de agosto de 2012

la Fertilidad de la Tierra

A punto de pasar página a este sofocante agosto, adjunto la portada 'veraniega' de la Fertilidad de la Tierra. 

Lo hago por orgullo - la fotografía la tomé yo mismo (y sin ayuda, je, je) - y para ayudar a difundir a esta, por otro lado ya arraigada, revista sobre agricultura ecológica...y mucho más. Visitando su web os daréis cuenta del cariño con la que la hacen.

Aprovecharé para mostraros otra foto de mi agricultor modelo, Albert. Desde luego que él también vuelca mucho cariño a su campo... y comercializa sus productos a través de Aigua Clara.


¡Un abrazo y que acabéis de disfrutar el verano!

Alex

sábado, 12 de mayo de 2012

Los tuaregs ponen puertas al desierto


 











La noticia del alzamiento militar en Mali, el pasado 22 de marzo, me sumió en la melancolía y la preocupación por el pueblo con el que compartí mi viaje más intenso. Un pueblo amable, cálido, alegre, que llevo en el corazón.

Pero fue la noticia que da nombre a esta entrada la que me revolvió las tripas. Os recomiendo que la leáis entera, pues habla de las reivindicaciones y acciones tomadas por el pueblo tuareg y de la situación de abandono, indefensión, o qué sé yo, en la que ha quedado Tombouctú.

¿Cómo que ceden el control "grupos salafistas más o menos vinculados a Al Qaeda"? ¡Por favor...! ¿Qué será de su gente? Sufro por ellos. Sufro por Vingtu y los niños, por Ismael y la Biblioteca Andalusí de Tombouctú, ...


Ahora bien, estoy convencido de la fuerza del pueblo de Tombouctú. Sólo hay que conocer un poco de su historia para saber que han vivido muchas turbulencias a lo largo de su historia y que ninguna ha podido con ellos.

Un abrazo...y ánimo para todo el Malí.

Alex

viernes, 10 de febrero de 2012

La huerta que se desvanece


Queridos amigos,


Tras muchas aventuras y desventuras, mi trabajo fotográfico-literario sobre L’Horta de València ha visto la luz en forma de libro. Recorriendo sus páginas de la misma forma que recorrí yo los caminos y veredas de la huerta – de forma pausada y con mirada curiosa – espero que los que la conozcan redescubran cosas nuevas, los que no, aprecien su belleza y todos, reflexionemos sobre el paso del tiempo.


En el plano técnico, os diré que sus 144 fotografías fueron tomadas entre 2009 y 2010 y están distribuidas en 192 páginas y 3 desplegables a todo color. Al final del libro podréis ver los detalles de cada una de ellas – como sus coordenadas GPS, fecha de toma, etc. – y buscarlas sobre 2 mapas de fotografías aéreas de 1956, el llamado “Vuelo Americano” del Plan Marshall.


Pero lo más importante es, sin duda, saber que se trata de un libro nacido de la curiosidad y respeto por un espacio paisajístico, social y cultural único, y que en palabras de Herminio Boira, extraidas de la preciosa presentación que ha escrito para el libro: 

Es un libro para “leer” con nostalgia y cariño. Para disfrutar de la imagen y el colorido. Nos invita a no olvidar nuestros orígenes ni nuestro reciente pasado y a reflexionar sobre las formas de vivir en el tiempo.


Gracias a todos los que aman esta “huerta fecunda y sonriente” y que contribuyen cada día a que no se apague su llama.
 
Alex
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Distribución y pedidos:

Editorial Universitat Politècnica de València
pedidos@editorial.upv.es  / 96 387 70 12

jueves, 29 de diciembre de 2011

Un Santa Claus muy especial

Sobran las palabras o, más bien, no hay suficientes para expresar mi gratitud por este regalo de la vida que os presento vestidito para la ocasión.


 
Si con el nacimiento de mi pequeñín se abrió un largo paréntesis en la actividad de mi blog, con su presencia espero reanudar mis publicaciones con más ilusión que nunca.

¡Felices Fiestas y Feliz 2012! 

Alex

domingo, 3 de abril de 2011

La aventura de la vida



   Hola bonito, hola chiquitín, ¿puedes oírme? Tengo muchas cosas que contarte, pero me las guardaré para cuando salgas de la barriguita de mamá. Sí, ya sé que estás muy bien ahí y… bueno, sí, que crees que te gustaría quedarte muuuucho tiempo ahí, tranquilito, pero ya verás lo bien que te vamos a cuidar y la de cosas interesantes que hay por aquí fuera esperando a que abras los ojitos. ¡Te van a encantar!

   La mamá y yo estamos temblando de emoción, pues ya queda poquito… ayyyy, qué nervios ¡¡si casi no puedo escribir!! ¿Serás grandullón como papá? Nooooo… aún te quedará mucho que comer… ¿Tendrás esos ojitos tan bonitos de mamá? Eso puede que sí… ¿Y morenico como los abuelitos o pelirrojico como los papás? Ja, ja, tranqui, chiquitín, sé tú mismo, que nosotros te esperamos con los brazos y corazón muuuuy abiertos.

   Sólo una cosa más. Disfruta de cada momento de la vida… esa vida que es todita para tí… ¡menuda aventura a la que te vas a enfrentar!

¡Qué envidia!

domingo, 13 de marzo de 2011

Don't worry, be kind

[Aviso: el siguiente relato está basado en una experiencia real, realizada por dos pillos especialistas en salir de situaciones en apuros. El autor no se hace responsable de lo que pueda pasar si los lectores lo intentan emular, pero no puede evitar sonreir al recordar la experiencia. ¿Por qué será?]


Sucedió hará unos años, en una remota y tropical región del África Occidental. El “rum-rum” de la noche dio paso al “zum-zum” de un insecto atrapado en mi mosquitera… y todo lo que voy a contaros se desencadenó a continuación.

El hecho es que amanecí al tiempo que la señorita mosquito — sólo las féminas de esta especie chupan sangre a mamíferos como yo, a fin de alimentar a la prole que crece en su interior — buscaba el camino de vuelta a casa tras una provechosa noche en mi compañía. Pero al no caber por el mismo agujero por el que se había colado en mi mosquitera la noche anterior, — ejem, por qué será — luchaba desesperadamente por agrandarlo. En fin, eché una ojeada al Luismi para confirmar que seguía durmiendo como un tronco, liberé a mi indeseable compañera para no cometer “bichocídio”, y me dirigí sigilosamente al baño.

Cinco horas más tarde aún estábamos esperando en el garage — lo más parecido a una estación de autobuses que pudimos encontrar por allí — a que vendieran todos los asientos de nuestro vehículo.

El bueno de Luismi de paseo por el garage, cámara en mano
El bueno de Luismi de paseo, cámara en mano






Cuando finalmente lo consiguieron, subimos a una furgoneta con intención de llegar a la pequeña aldea que habíamos seleccionado en nuestra guía durante el desayuno.  




¡Y a disfrutar del camino!


No pasó mucho tiempo antes de que la furgoneta parara, se abrieran las puertas traseras y unos hombres que asomaban desde el techo nos invitaran a bajar. Un poco confundidos, pero obedientemente, salimos pitando para coger nuestras mochilas, chapurrear “adiós y gracias” en la lengua local y despedirnos de la furgoneta conforme ésta se perdía por el horizonte.

«¿Dónde estará la aldea?» — Me dije a mí mismo cuando advertí que, hasta donde llegaba mi vista, sólo alcanzaba a ver una delgada y desierta carretera rodeada por enormes y exóticos árboles. Estábamos a punto de maldecir nuestra suerte cuando, acercándose desde lejos y ocupando todo el ancho de la carretera, vimos lo que parecía ser un puñado de pequeños hombrecitos y acabaron siendo un puñado de niños. ¡No dábamos crédito a nuestros ojos! ¿De dónde habían salido? Los pequeños, mientras tanto, nos miraban incluso con más curiosidad que nosotros a ellos, con sus enormes sonrisas de oreja a oreja y sus ojos como platos.

Éste era el más pillo de todos. ¡Aún parece que oigo sus carcajadas
«Vaya, diría que aquí pasa algo raro, ¿no crees, Luismi?» Pregunté con ironía a mi compañero de aventuras. Dentro de mí me negaba a admitir que nos encontrábamos ante el idílico lugar rodeado de selva y tranquilidad citado en la Lonely Planet. Al menos la selva estaba ahí, ¡de eso no cabía la menor duda!

Ajenos a nuestras preocupaciones, sus encantadores habitantes jugaban a nuestro alrededor, corriendo y riendo a pierna suelta. Pero no había tiempo que perder, así que decidimos resolver el misterio antes de que la oscuridad de la noche lo cubriera todo. Llenos de determinación, pregunté a los pequeñuelos dónde vivían sus padres, a lo que respondieron con más risas y sonrisas. «¡Aaaaay, lo que daríamos por alguien que hablara inglés!» Nos decíamos, avergonzados de nuestra ignorancia de la lengua local y del francés tan extendido en la zona. 

 






En esas estábamos cuando un hombre alto y recto como un tronco apareció por detrás de un viejo y más alto aún árbol, dándonos la bienvenida con una cálida sonrisa. ¡Qué profundo alivio sentimos en ese instante!

Resultó ser el mismísimo secretario de la aldea, que en realidad no era más que un grupito de chozas de adobe dispersas entre la selva. Joseph — que así se llamaba él — pacientemente nos explicó los problemas que habían estado padeciendo en los últimos tiempos por culpa de una guerrilla local, lo que había llevado a un prudente cierre del campement. A ratos lo entendíamos y a ratos no, pero su paciencia era infinita y sus recursos expresivos tan enormes como él. Y cuanto más le escuchábamos, más palidecíamos. ¿Cómo habíamos ido a parar aquí? Pero el hombre parecía de buen corazón y no teníamos más opciones, ni tiempo para buscarlas antes de que anocheciera, así que de buen grado aceptamos su invitación a pasar la noche con su familia. En el fondo vibrábamos de emoción ante lo que prometía ser una experiencia única y fuera de lo común.

Tanto Joseph como su mujer Cecile, aún en cinta como estaba, compartieron la habitación de los niños esa noche para dejarnos la suya. Situación altamente embarazosa, pero no nos dieron opción a rechazarla. Así que esa noche dormí a pierna suelta en su humilde cama de paja. Si me lo permitís, os confesaré pícaramente que no puedo decir lo mismo de Luismi, pues mientras yo dormía plácidamente él era el objetivo de toda una variada tropa de insectos que residían entre la paja. Bueno, bueno, no está nada mal, ¿verdad? ¡Ya era hora que intercambiáramos los papeles!


En fin, queridos lectores, esta y otras aventuras similares en tierras remotas me demuestran que no hay nada como la Hospitalidad y sus buenas amigas: Amabilidad y Generosidad. Joseph y tantos otros como él, no distinguen colores de piel, nacionalidades ni cosas por el estilo. Simplemente les mueve un genuino sentimiento de Igualdad.

¡Jere jef amigos, gracias por todo!


Alex Hurtado

jueves, 3 de marzo de 2011

Muy pronto en sus pantallas...



Un fotorrelato de dos pillos y sus aventuras africanas.

Hasta aquí puedo "leer".... pero en una semana podréis verlo y leerlo vosotros mismos.

¡Ciao!